Ni condenados al éxito, ni condenados al fracaso. Esa disyuntiva es demasiado general para el doctor en Economía Juan Carlos de Pablo; algo que, según su criterio, “no puede entenderse” porque, de una u otra forma, la vida continúa y todos deben buscar la manera de subsistir, sea un político, un empresario o simplemente un trabajador. En una entrevista telefónica con LA GACETA, el doctor honoris causa de la Universidad del CEMA y miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Económicas señala que no hay soluciones mágicas para cambiar la historia económica de la Argentina, ni tampoco comportamientos angelicales de los políticos. Más bien está convencido de que todo es más práctico que teórico. “El día que se hagan mejor las cosas desde la política, podemos pensar en un cambio”, puntualiza.

-¿Cómo cree que puede impactar este confinamiento de nueve días, definido por el Gobierno nacional, como una manera de bajar la curva de contagios en medio de una crisis económica?

-Acá tenemos una mezcla de objetivos. Desde lo sanitario, el hecho de que no vacunamos de manera suficiente y masiva en la Argentina, y es lo que le faltó decir al presidente Alberto Fernández al anunciar las medidas que se adoptaron y que tal vez le hubiera dado más fuerza a su mensaje, y el problema objetivo del número de camas de terapia intensiva disponibles. Pero, paralelamente, estamos frente a un gobierno con problemas políticos entre la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y el equipo económico del presidente Fernández. Esto es producto de la desorganización interna del oficialismo y de los ministros que tienen iniciativas diferentes. Nosotros, los que andamos a pie, no obstante, tenemos que salir todos los días para ir a trabajar.

-Sin embargo, es una situación demasiado complicada hacerlo porque la Argentina se acostumbró a vivir en volatilidad permanente, de crisis en crisis y con expansiones coyunturales en su economía...

-¿Qué alternativa nos queda? ¿Qué otras posibilidades te quedan? Uno, al mirar esta realidad, no le queda otro remedio de decir: bancátela. De otro modo, hubieras nacido en Suecia, en la Vietnam de la década de 1970 o en Palestina. Es lo que hay.

-¿Cómo salimos de esta situación?

-La vida no es este final. Es otra cosa. Es un continuo con épocas mejores; con otras que son peores. Y la seguimos peleando. Creo que de esto saldremos el día que las autoridades dejen de ser el problema y se den cuenta de que deben ser parte de la solución.

-Hoy se presentan muchas necesidades y dos caminos frente a los acreedores del país: acordar un nuevo esquema de pago o anunciarles un nuevo default. Pero el país necesita recuperar la confiabilidad del mercado...

-Nadie en la comunidad internacional, o lo que se llama el mercado, está pensando que, con el esfuerzo, la Argentina pagará sus deudas. Es lindo cuando lo decís, pero el tema de la confiabilidad es mucho más profundo. Es una manifestación de un hecho más básico. Es prácticamente una constante que la sociedad diga que le cree al gobierno de turno. Hacer política económica es muy difícil. Restablecer la credibilidad de un gobierno es casi imposible. Vamos a andar a los tumbos hasta 2023.

 -¿Cómo llegamos a 2023, con elecciones de por medio, profesor?

-Ya lo decía Albert Einstein: si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. No podemos decir a los políticos que no sean políticos; los políticos funcionan como políticos; los empresarios, como empresarios, los deportistas como deportistas y los curas, como curas. No pensemos y no esperemos basar las decisiones en comportamientos angelicales.

 -Pero alguien debe estar pensando en cómo solucionar esto...

-Miremos nuestra historia. Pensemos una guerra; la tuvimos; la Argentina y la hiperinflación y la tuvimos. Es muy difícil contestar la pregunta. No es que de pronto aparecen las medidas. No lo veo así. Tenemos un equipo económico que intenta resolver los problemas y otros funcionarios que son parte de las dificultades. Miremos lo que pasa dentro del Gobierno: una secretaria de Comercio (Paula Español) que asume posturas, mientras los funcionarios que deben diseñar las medidas están al margen. ¿Acaso hablaron con algunos empresarios para saber lo que piensan?

-En la Argentina se da siempre el juego de la frazada corta. Mientras el Gobierno amplía subsidios, el déficit crece y, por ende, las necesidades financieras que terminan en más impuestos. ¿Es posible salir de este esquema?

-A los gobiernos les gusta tomar este tipo de políticas con entusiasmo. Sin embargo, los planes sociales se yuxtaponen. Esos planes, las jubilaciones, las pensiones y otros subsidios representan casi tres cuartas partes del gasto público total. Pero miremos más allá: tenemos tantos pobres, a pesar de todos los programas de ayuda en vigencia. Tenemos un Estado gigantesco y en algún momento hay que empezar a revisar las erogaciones. En el mientras tanto vas sumando problemas.

-Insisto, ¿cuál es la clave para salir de todo esto?

-No hay claves. No soñemos con este tipo de cosas. Todo cambiará el día que se hagan mejor las cosas desde la política. Mientras tanto, la gente se levanta todos los días para ver cómo darle de comer a la noche a su familia. Un flor de problema.

-Las medidas podrían ser consensuadas en un consejo económico y social como el que integró el actual gobierno...

-No creo en eso y lo dije desde el primer día que entró en vigencia. Todos se llenan la boca de consenso, pero tenés un sistema que debe funcionar. Tiene que haber un ministro de Economía en el país, no un zar, sino un tipo que esté a cargo. Un ministro que tenga que decir algo sobre la prohibición de la exportación de carne y que ponga congruencia a la política económica. Hoy no sabemos quién está a cargo de la economía.

-¿Y Martín Guzmán?

-Formalmente es el ministro de Economía, pero no está a cargo de las tarifas, y no sabemos a cargo de qué está.

-¿Cómo terminaremos este año, desde el punto de vista económico?

-No sé cómo termina. No sabemos qué pasará la semana que viene. Existe el día a día y todos los días. Después de estos nueve días de confinamiento, no sabemos qué sigue. Dependerá de la cantidad de contagios y de muertes, lamentablemente.

-Hace unos días, en su columna en “La Nación”, expuso la importancia del comercio internacional y del derroche fenomenal, socialmente regresivo, que significa que un argentino vaya a vacunarse a Miami. ¿Qué nos sucede?

-Traté de que hiciéramos el ejercicio de pensar para qué se inventó el comercio. No surgió de manera muy natural. Y usé el ejemplo de un barrio de una ciudad, en el que 30 personas se levantan cada día queriendo comer pan que deben trasladarse diariamente hacia otro barrio porque allí está la fábrica. Hasta que un día uno de ellos le propone a los otros 29: “Mañana voy hasta la fábrica, traigo pan para todos, ustedes me pagan por el servicio y pueden dedicar el tiempo que les insumía ir y venir a la fábrica, a otras actividades”. Se trata de prestar un servicio que es importante. La próxima vez que entren a un súper, pregúntense cuántas horas al día serían necesarias si no tuviesen que ir al súper y tuviesen que comprar esos productos en la fábrica. Muchachos, es una locura que el que quiere vacunarse gratis debe viajar ocho horas en avión y hacerlo. ¿No es mejor lo público que lo privado para conseguir vacunas? Sabemos poco de lo que ha pasado en materia de vacunación, pero sí que los resultados son un bochorno. El Gobierno tiene que hacerse responsable de esta situación. Los ciudadanos debemos acordarnos de lo que nos sucede cuando votamos.